17 febrero, 2014

Sed de justicia

Reclamar justicia no es un acto de desconfianza ni de mala fe, aunque están tan extendidos los espíritus serviles, las pleitesías y los resortes para permanecer cabizbajos, que muchas veces uno tiene que dar explicaciones de por qué reclama sus derechos. Las bienaventuranzas decían que los que tienen sed de justicia serán saciados pero la realidad dista mucho de las sagradas escrituras: a nadie se le escapa que los sistemas judiciales están perfectamente preparados para proteger a los poderosos y vilipendiar a los inermes. Incluso las normas constitucionales que salvaguardan los derechos básicos fundamentales se conculcan con facilidad, porque no hay juez con capacidad de dictar una ejecución de los artículos 35, 43 o 47. Y si no tienes manera de que te escuchen cuando reclamas justicia, no se te ocurra romper cristales o mear fuera del tiesto, que esas argucias solo están permitidas para determinadas castas, y corres el peligro de que te juzguen y te condenen mañana mismo, con una celeridad que solo se aplica para unos.

En una semana nos ha dado tiempo de comparar el trato recibido en un juzgado por una mujer con apellido borbónico, que no se enteraba de las millonadas que amasaban sus sociedades, y por 19 personas que querían hacer oír su grito a favor de una renta básica que los aparte de la miseria absoluta. Podemos discutir muchas horas sobre la manera de hacerse escuchar en este mundo, donde unos solo necesitan descolgar un teléfono y otros han de subirse a la mesa, pero no caigamos en el error de crucificar a los que tienen hambre y sed de justicia, porque no sabemos lo que haríamos si estuviéramos en su lugar.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 17 de febrero de 2013.

2 comentarios:

Manuela Matas dijo...

Hola Javier.
Te adjunto un enlace de un articulo de Juan Andrade donde, a proposito de la misma noticia, reflexiona sobre los medios y los que se rebelan frente a ellos.
Un saludo.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=180997

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Gracias. Muy interesante el artículo de Juan Andrada.