31 agosto, 2008

Las librerías

Las librerías son lugares especiales. En Lisboa siempre voy a la misma, en la Rua Almeida Garret, que no es muy buena ni la mejor, pero somos animales de costumbres .No hace falta que sean grandes, ni que tengan todos los volúmenes habidos y por haber. Yo tengo un par de ellas. Una, que es la más grande de la ciudad en la que vivo, es a la que voy cuando tengo que buscar cosas muy especializadas, encargar libros raros o echar un vistazo con las manos a lo que va saliendo en algunas materias muy concretas. Luego tengo la librería de barrio, la que se mantiene gracias a los libros de textos y que me permite acercarme a menudo, comprar cosas para los niños, hacer regalos y preguntarle a los dueños cualquier cosa. Me contaron el año pasado que en Extremadura, si no fuera por los libros de texto, cerrarían por falta de rentabilidad casi todas las librerías de la región. Se salvarían de la quema un par de librerías en las grandes ciudades y alguna en localidades de más de 20.000 habitantes. Por supuesto, acabarían cerrando las librerías de los barrios y las de localidades pequeñas.

Escribo esto a raíz del post anterior, porque uno no deja de verse rodeado de contradicciones. Apuntaba que no siendo un ferviente seguidor de la idea del "libro de texto", me apenaba el hecho de que a todo el mundo le parecieran carísimos. Y lo que todavía me entristece más es que la desaparición del libro de texto se llevara por delante a decenas de librerías de Extremadura. Alguien dijo que la pérdida se compensaría con el plan de fomento de la lectura que se va a hacer, pero seamos realistas, en Extremadura, de la noche a la mañana, no nos vamos a encontrar con centenares de personas haciendo cola para pagar una novela, una colección de poemas, ensayos o libros de fotografías. Desgraciadamente no es así.

En este asunto, como en muchos otros, uno no tiene soluciones para los problemas. Escribir sobre ellos aquí es una forma de desahogarse, tal vez bastante inútil.

6 comentarios:

Hitos dijo...

No es inutil.
Yo no puedo comprar libros porque son caros, pero siempre regalo libros. Es verdad eso de que nos gastamos el dinero en cualquier cosa (ejemplo: casi tenemos un presupuesto para eventos sociales, cumpleaños, regalo amigo invisible, bodas...) por lo que utilizo este presupuesto para libros.

La pena es que no los puedo comprar para mi. Al menos los más directos si que tienen el detalle de regalarme libros en mi cumple.

Un poco raro mi comentario pero si lo tengo que explicar me llevarían muchas líneas y no quiero abusar emborronandote el blog.

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Los blogs no se emborronan con comentarios. Siempre se enriquecen

ITACA dijo...

Hola, muchas gracias por pasarte por mi blog. Me parece que este blog tuyo que habla de libros tiene una pinta maravillosa, voy a tener que estudiarlo en profundidad, pero después de este finde mortal hoy me pillas en los brazos de Morfeo. Pasaré con tiempo esta semana por aquí, si vives en mi adorada Lisboa y te gustan los libros creo que tenemos dos puntos vitales fundamentales en común

Alicia Vernok dijo...

Cuando vivía en Badajoz solía pasarme por La Bohemia (creo que ese era el nombre), que me pillaba cerca de casa. Pero sobre todo por la Arias Montano, la clase de librería que me gustaría tener alguna vez.

Las librerías son parte de la resistencia!!!!!


(oi oi oi, o algo :P)

@us dijo...

Las editoriales que publican libros de texto cuentan con un número de ejemplares fijos para cada curso. El volumen de la publicación se puede calcular relacionando los centros de enseñanza donde están implantados oficialmente los textos con el número de alumnos matriculados. Como el negocio está asegurado, se preocupan más de la distribución y venta que de la calidad de los contenidos. Utilizan los mismos textos durante años y no cuidan las ediciones. Podrían adaptar los contenidos al entorno y a la actualidad añadiendo separatas, distribuyendo revistas periódicas, cambiando los textos, etc. Pero en vez de eso publican un estupendo libro para el profesor con un cuadernillo para apuntar los horarios. Todo un negocio en el que no hay que reinvertir prácticamente nada.
Una pena, porque recuerdo algunos libros del BUP que yo estudié que eran auténticas delicias. El de Literatura de Fernando Lázaro Carreter, y otro de Hª del Mundo Contemporáneo, de varios autores que no recuerdo, no tenían desperdicio. Lástima que, aunque tampoco tenían precio, los vendí por cuatro duros cuando acabé COU. Tiempos felices que no volverán... como decía la canción.

Alicia Vernok dijo...

Del bachillerato sólo conservo un libro, de geología, porque es un libro de geología y no para enseñar cuatro cosas de geología en un curso.